domingo, enero 30, 2011

Mar de hierro

Mar de Hierro

Joaquín Ortega

No supiste de la caída de cazadores pulverizados

Los miércoles de apostillas en el Carso

Cuando los padres viudos despeñaban meteoros sobre los mares de hierro

No estabas para verlos despierta

Los accidentes victoriosos interrumpían la armónica

Formando más ficticia la tierra, a veces partitura

Tocada por gruesas manos de piras espesas

Y como muchas

Contabas belleza como cartas frente a un vidrio estrellado

Sin que nunca escucharas de aquello

Cabellos rojizos tras las montañas numerosas

Y los tres salmos se doblaron

Bajo las lenguas firmes

En columnas de puños

Que dibujaron corazas afiladas sostenidas como cruces y marinas

No ibas de paseo por ningún ramal pidiendo

Al frente de La Parca... la parca

Cepillos de centellas para los corceles numerados

¿Y para qué dormir bajo el techo que promete peores comidas y buena agua?

¿Para qué guardar en bolsas para el hombro venas blancas y cabezas de viento?

¿O un río muerto que rezonga desde una tabla?

Es época de arruinarse temblando en miradas

Cuando los padres viudos

Despeñaban meteoros sobre los mares de hierro

No estabas para verlos despierta

Auras sucias bajo de una vela seca en los bestiarios

Colocan en láminas esferas fértiles

Que sin pasos se están anunciando

sábado, noviembre 13, 2010

El Naranjal

El Naranjal

Nada que haya resbalado desde los bordes del prójimo

Suena distinto

Ante

Aquel abominado que

Escapado

Llorado

Perdido y entregado al adiós

Siguió perdido para siempre

Tanto desaguarnos

Buscando un altar calle abajo

Sumando los clementes y el sepulcro

Ante el cuero de la única amistad que destruye puentes

Sin crear alianzas para innúmeras

Miraste con desdén

Las cosechas cómodas y las lluvias innecesarias

Al hombro hijos ajenos

Conteniendo banderas dobles

Sobre niñas que no arroparás jamás

Que verlas pasar el tiempo entres risas y carreras

Y lo que apaleaste adulterando

Lo habitaste también al sobrevuelo

Consumiste con los que someten barcos crucificados y caballos de fiebre

Al fogón de los dolores en la falla del millar de sonrisas cósmicas

Abrazando sueños verídicos

Para perderte

Para reanudarnos

Cuantas caminatas solitarias

Silenciosas en silencio

Es la sibila que no aparece

Sino cuando despiertos

Pedimos vino, fuego, refugio

Haciendo a un lado los viejos muebles

Visitando para siempre

La casa de la sal y el tiempo

Que habla dormido y sabe

Cobijar desde la noche

Un abrazo caído desde el naranjal

sábado, octubre 23, 2010

Ojo de Agua

Ojo de Agua

Gotas de luces membrudas

Frenan dos tramos sin ninguna inminencia

En el descanso un carro se pronuncia en vistas

Dejando conversar las cortinas de traspaso

Y entre ellas

Un recuento obsceno de lo movido en la depredación

Acuartelando restos de ánimas

En las barberías destinadas al olvido

Como la gramática de Krypton

Peor que los cotorreos de cédulas oscuras

Como tacones rencos en pasillos ruginosos por direcciones olvidadas

Más cerca

Una mesa de módicas solemnidades permuta

Un cubo lleno con el sentido rastrero

De los tocadiscos arrimados

Con los fragmentos amputados en guerras sin apremios

Para los farallones hospitalarios que obtuvieron la palma que secaba lejanías

Desde la magia que cubría el ángulo de los principados

Hasta los consejos para las habitaciones pestilentes

Únicamente aquellos almohadones lenguaraces de la tienda de los césares

Abren los brazos a la merienda en Ojo de Agua

martes, septiembre 07, 2010

Sangro

Sangro

Cuando subo a los barcos

Cuando repaso la lluvia

Y dejo de saber de ella

Sangro con los truenos

Con las marcas cuadriculadas

Que dejan dormir demasiadas

horas

Que dejan cabecear para siempre

Sangro justo donde arrastran de la mano a un niño mudo

Sangro en la asfixia de las ruedas detenidas

Frente a mis amigos

Que me ofrecen cavas y granadas

Apiladas en galeras

Sangro en el blando zarandeo pendular

De las colas de caballo

De las mujeres que supieron marcharse

Antes de que las dejara a un lado del televisor

Sangro frente a los árboles fieros y eléctricos

Ligados para en ningún tiempo tocarse

Sangro por la nariz

Me limpio las manos

Y bailan las gotas más gruesas

Deteniéndose como cera antes de tocar el piso

Bailan y parecen beberse hasta un cielo de rostros

Sangro

Sangro

Sangro

Mientras un hocico bello abre en dos una colmena